Anales de Clarita y yo

Más relajado, Germán se acostó y nosotras, de nuevo, nos arrunchamos una a cada lado de él. (Ver relato "El trío en acción". Categoría Tríos. La secuencia es "Clarita la inquilina", "Entrenando para el trío", "El trío apenas comienza"). Cuando una mujer se arruncha al hombre después de un polvo, es decir, se pega a él, colocando su cabeza en el pecho de él, significa que el tipo le fascina, le encanta, se siente satisfecha, contenta, perfectamente culeada y que es considerado alguien muy especial para nosotras. Clarita se había arrunchado, lo que me indicaba que estaba feliz y que Germán, como ella lo había confesado, le gustaba y mucho. Ella me lo había dicho cuando definimos como íbamos a manejar el tema. Claro que una cosa era antes de que se la comiera y otra después. Una buena culeada cambia muchas cosas. Su cara reflejaba alegría, placidez y satisfacción. Se veía hermosa. Germán, como intentando borrar cualquier asomo de duda sobre mi preeminencia en esta nueva relación, me dijo con suavidad al oído: "Soy tuyo, mi putita". Yo levanté la cabeza para verlo y él buscó mi boca y me besó con ternura.

Me recosté nuevamente en su pecho, feliz. "Pero todavía me falta algo", le dije mirándolo coquetamente. Empecé a sentir como la mano de él bajaba hasta el final de mi espalda. Con la yema de los dedos, me acarició las nalgas y siguió con lentitud premeditada, el contorno de mi tanga. Me estremecí levemente y afiancé mi pierna derecha sobre su cuerpo, permitiendo que su dedo empezara a recorrer la angosta tirita del panty que separaba ambas nalgas. Germán sabía a que me refería, pero le encantaba escuchármelo decir. "Quiero que me claves por el culo", dije excitada. Clarita levantó la cabeza y dijo: "Yo también quiero". El la miró a ella. "Y qué quieres?" - le preguntó acariciándole la cara. "Tu verga en mi culo. Toda bien adentro", - respondió mi amiga.

Germán le dio un beso en la boca que ella se apresuró a recibir. "Claro que te la voy a meter toda bien adentro de tu culo divino, zorra", - manifestó él excitado. "Me encanta tu trasero y por eso te voy a clavar bien rico" -terminó de decir. "Además de expresarlo", -agregó él- "debes insinuar con tu cuerpo que deseas ser clavada por el culo". Mi amiga me miró interrogante y yo sin esperar su pregunta me coloqué boca abajo y, apoyada en mis rodillas, elevé mi culo, moviéndolo en círculos pequeños y oferentes. "Cada vez que quieras que Germán te clave por el culo", -le dije- "debes colocarte boca abajo y elevar la cola a manera de ofrecimiento". Clarita se sonrió y sin pensarlo dos veces se colocó boca abajo y elevó su trasero para deleite de Germán. Una foto hubiera sido perfecta: Dos hembras lindas, con los calzones puestos, en cuatro, con el culo elevado en espera de ser chupados, lamidos, penetrados… "Perfecto", -dijo él y le dio una palmada en la cola levantada. "Ahora voy a alistar lo necesario", -y se metió al baño.

Extendí mis piernas para bajar el culo y le indiqué a mi amiga que hiciera lo mismo. Ambas quedamos boca abajo y ella me confesó con algo de pena: "Nena, nunca me lo han metido por atrás y tengo temor". Yo la miré incrédula. "No te creo muñeca. Con ese culo tan divino, no te puedo creer…", -dije. "Han habido intentos, claro, pero han sido dolorosos", -agregó ella. Yo le tomé su cara con mis manos y la besé en la boca. Detecté que estaba tensa. "Pero quieres hacerlo, es decir, lo deseas por ti, para tu gusto?", -le pregunté. Clarita asintió con la cabeza. "Si lo deseo. De hecho cuando me masturbo y estoy ya muy excitada, casi a punto de venirme, algunas veces juego con un dedo en mi ano, que apenas medio lo introduzco, desencadena el orgasmo." Me tranquilicé. Para el sexo anal y cualquier otra experiencia sexual, hay que empezar definiendo si una quiere hacerlo o no. Si no es así, no se le saca provecho. No hay gracia ni placer. Mi amiga, más animada continuó diciendo: "Tengo muy claro lo excitante que el sexo anal puede llegar a ser y con Germán lo sentí, cuando tu y él estaban conmigo y me penetraron simultáneamente con sus dedos en mi cuca y en mi culo." Estaba divina. Sus ojos brillaban por la excitación de la remembranza. "Tienes razón", -agregué yo- "Germán jugó con su dedo en la entrada de tu culito y te penetró sin mayores inconvenientes". Mi amiga se sonrojó al recordarlo y dijo: "Y me vine a chorros". Nos besamos en la boca de nuevo. La sentí más relajada. "Muy bien", -dije sonriendo- "el problema no es que no te gusta el sexo anal. El problema es porque no te lo han hecho bien!", -exclamé feliz. Le dije al oído, muy suave: "Con Germán, no tendrás ningún inconveniente. Vas a ver como lo disfrutas".

Enseguida le ordené que me ofreciera el culo. Ella se apoyó sobre sus rodillas y levantó la cola lo más que pudo. La hice girar hacia el borde de la cama. Yo me bajé de la cama y me arrodillé en el piso, sobre el tapete, para quedar con mi cara frente a su hermoso culo. Cuando lo tuve ante mi, lo recorrí con mis labios lentamente, siguiendo con mi boca el trazado de su diminuto calzón negro. Le corrí el panty hacia un lado y con mis manos, separé ambas nalgas para verle mejor el agujero. Entendí a Germán y su debilidad por los traseros femeninos. Clarita, aprovechando que yo le había corrido la tanga a un lado, acarició su chocha con su mano y pude ver como la tenía brillante por la humedad, pues ella se abrió los labios vaginales con la mano, hasta alcanzar su clítoris. Su culo era precioso. Su agujero parecía el botón de una flor al que llegaban delicados pliegues que enmarcaban un ano rosadito y estrecho. Su depilación incluía todo el recorrido hasta el culo, de tal manera que los pocos vellos que tenía estaban solo en la zona púbica. Deseaba aproximarme a ese culo con mi boca y mi lengua y no quería contenerme. Iba a hacerlo como me gustaba que Germán me lo hiciera. Esa era el secreto. Hacerlo como a ti te gusta que te lo hagan. Punto. Mis manos estaban en ambas nalgas, separándolas. Con la mano derecha sostuve la tanga hacia un lado e inicié mi recorrido desde el comienzo de la línea que divide el culo en dos. Mi lengua se encargó muy suavemente de abrir el camino y con la punta, recorrí con calculada lentitud, ese surco perfecto hasta su fin, en los bordes del ano, en varios recorridos de ida y vuelta, sin tocar el agujero. Clarita se estremeció y su culo lo levantó más hacia mi. Con esta caricia, pude ver como su huequito se contraía y se abría sin siquiera haberlo tocado. Ella movió sus caderas hacia delante y hacia atrás desesperada, y su mano arreció sus caricias en su sexo.

Recogí mi lengua premeditadamente y besé sus nalgas, las mordí con deleite y sentí su desespero, su excitación. Ella estaba agitada y yo también. Tanto para ella como para mi, esto era novedoso. "Eso puta mía", - le dije- "ya se te está abriendo y ni siquiera te lo he lamido". Rápidamente, ensalivé mi lengua y la dirigí hacia su anillo anal. Lo lamí por el borde, sin entrar todavía al agujero. Moví mi lengua hacia la derecha, luego hacia la izquierda, pero siempre por el borde. "No te acaricies más la chocha", -escuché que le ordenaba Germán. El estaba de pie junto a mí, desnudo y con su vergota enhiesta y lista. Llevaba en la mano un frasco de aceite lubricador que usábamos para esta maniobra. Ella paró el movimiento de su mano y pude apreciar su cuca totalmente encharcada por sus líquidos. Lo miré a él extasiada, con provocación, mientras la punta de mi lengua seguía jugando en el borde del ano de Clarita. El se arrodilló al lado mío y buscó mi boca para que nos besáramos. Sentí como su lengua hurgó en mi boca buscando la mía con pasión. "Clarita es virgo del culo", - le dije en un momento, mientras mi lengua revoloteaba en su boca. "Lo se muñeca. Las escuché hablar.", - afirmó él mientras acariciaba la espalda de mi amiga. "No me dejen así de arrecha", -suplicó Clarita- "háganme algo ya",- exclamó gimiendo y moviendo su culo en redondo. "Lubrícala bien con tu boca", - me ordenó Germán. Volví mi cara a su agujero y llevé la punta de mi lengua, bien ensalivada, hacia su ano que me esperaba expectante. Empecé recorriendo de nuevo el borde del ano, disfrutando cada pliegue, cada rugosidad y cuando sentí que ella se tensionó más, metí la punta de la lengua bien empapada en su agujero que se cerró alrededor de ella. Mis dos manos estaban cada una en sus nalgas y las presioné hacia delante a la vez que mi boca se pegó toda a su culo. El ano se relajó y mi lengua pudo seguir hurgando más adentro. Mi boca estaba totalmente pegada a su trasero, hambrienta, forzando la entrada de mi lengua más y más. De Clarita solo alcanzaba a escuchar sus gemidos y a sentir el movimiento de su cola hacia mi, cada vez con más empuje y fuerza.

Germán, arrodillado al lado mío, continuó acariciando la espalda de mi amiga y en un momento me retiró para besarme en la boca. Yo respondí a su beso con pasión. Estaba muy arrecha. "Ahora me toca a mi",-dijo él acercando su lengua al agujero que ya se veía abierto. Yo me hice a un lado y él tomó mi lugar. Con fuerza, empujó con sus manos las nalgas de Clarita hacia delante y pegó su boca a su culito. Ella gimió y pidió más. "Esto es delicioso", -gritó y movió sus caderas con frenesí. Germán, mientras lamía y chupaba el culo de nuestra amante, me puso dos de sus dedos en mi boca. Los chupé y empapé bien y así mojados, los sacó para meterlos en la cuqui de Clarita. La vista para mi era de un morbo total. Los dos dedos entraban y salían con velocidad y la boca de él completaba el trabajo en el culo de ella. "Me vengo, me voy a venir ya", -exclamó mi amiga casi convulsionando. Germán, sabedor de lo que estaba provocando, disminuyó el mete y saca de sus dedos en la chocha de ella y despegó la boca de su culo. "Todavía no es tiempo, zorrita", -sentenció él. Clarita continuó moviéndose como si todavía le estuvieran dando lengua y dedo. Pude sentir su respiración agitada y entrecortada. "Mira muñeca linda, como se le ha abierto el agujero", - me dijo Germán. Me acerqué y efectivamente pude apreciar como ese ano se había dilatado por acción de nuestras lenguas. Sin pensarlo, acerqué mi lengua nuevamente a esa abertura divina, lamiendo con cuidado. "Pero falta más", -siguió diciendo él- "chupa tus dedos índice y mayor y empieza a introducir primero uno y luego el otro". Me metí esos dos dedos de mi mano izquierda en la boca para ensalivarlos y Germán sacó el lubricante que dejó caer sobre el ano con precisión. Clarita se movió impaciente. Con mi derecha corrí bien el calzón de ella hacia un lado y empecé a mover mi dedo índice, por el borde del ano, para sentir su consistencia primero y deslizarlo con lentitud hacia su destino final. El cuerpo de ella se tensionó. "Tranquila nena. Tranquila. Relájate", - le dije. La punta del dedo entró sin dificultad. Ella lo aprisionó al principio, pero se distensionó y facilitó que entrara hasta la segunda falange.

Estando allí, lo moví con lentitud buscando que Clarita se acostumbrara. Sentí sus músculos más relajados y me aventuré a mover mi dedo en círculo. Lo recibió bien. "Me fascina que me masturbes el culo mi putita", - me dijo ella jadeando, mientras sus caderas se movieron para sincronizarse con mi dedo. "Mete el otro dedo de una vez, que mi agujero lo espera", - dijo casi gritando. Germán se subió a la cama y se acostó boca arriba, dejando que su verga quedara a la altura de la boca de Clarita. "Mmmmm, esto es lo que quiero en lugar de los dedos", - dijo ella. "Claro, pero debes lubricarla bien", - contestó él. Por los ruidos que empecé a escuchar, Clarita estaba atragantándose con la vergota de él. Toda esta situación me tenía muy excitada. Mis calzones, estaban todos metidos en mi cuqui, lográndola partir en dos por la delgada tira de tela de mi tanga. Con decisión, empecé a meter el dedo mayor en el culito de mi amiga. Forcé un poco la entrada, para que el dedo índice le abriera espacio y poco a poco se abrió espacio. Ambos dedos estaban adentro y Clarita, por sus movimientos, me indicó que los estaba aceptando y además, disfrutando. Los moví con cuidado hasta que sentí que se acomodaron mejor y me aventuré a sacarlos y a meterlos. La reacción de ella fue de placer absoluto. "Ohhh. Así, así, más duro nena", - dijo sacándose el pene de la boca. Germán se levantó y se colocó de pie al lado mío. Su verga estaba inmensa, preciosa, brillante por la saliva de Clarita. Yo continué con mi mete y saca y él derramó un poco más de lubricante en su ano y mis dedos. Sentí que ella estaba lista. "Muy bien muñeca. Ahora saca los dedos con cuidado", -me indicó él. Así lo hice y pude ver su agujero estrecho pero abierto y dispuesto. "Eleva más el culo puta mía", - exclamó él. Mi amiga se apoyó en sus rodillas y codos para subir más su trasero.

Germán apoyó la punta de su verga en la cuca de Clarita y, dirigida por su mano, movió el tolete a lo largo de la vagina de arriba abajo sin meterlo. Abrió con su cabezota los pliegues de sus labios íntimos sin penetrarla. Ella gritó desesperada. "Por favor, dame tu verga ya", - alcanzó a decir. Yo me levanté y pegué mi cuerpo al costado izquierdo del cuerpo de él. Busqué su boca, su lengua. Mi cuca la sentí hinchada y me la sobé contra la cintura de él. No quería perder de vista esa penetrada. "Quiero que la claves por ese culo como a mi, muñeco mío", - le dije. La caricia de Germán tenía enloquecida a nuestra amante, cuyos movimientos de cadera indicaban que estaba lista para cualquier cosa. Sin que ella lo esperara, él le cogió los calzones con su mano izquierda y los corrió bruscamente de la nalga derecha a la izquierda y los sostuvo así con su mano apoyada en la nalga. Su mano derecha movió su colosal instrumento, más lubricado ahora por los líquidos de ella, hacia la abertura de su culo. Con la verga en la mano, hizo que la cabezota hermosa se sobara en el anillo anal y con una lentitud perfecta, la empujó abriéndose paso en ese agujero, sin mayor dificultad. Clarita se estremeció y levantó la cabeza, girándola para mirarlo a él. Germán la esperó. "Muy bien, relájate y espera que tu culo se acostumbre", - la tranquilizó. Yo me subí a la cama. Clarita estaba en posición perrito. En cuatro. Su cara mostraba una expresión de placer y también de angustia, que la hacia ver a la vez indefensa pero soberbia y preciosa. Me arrodillé junto a ella y le acaricié la espalda hasta la nuca. Le acaricié el pelo y le solté el gancho que se lo recogía. Con el pelo suelto se veía más linda. "Cómo te estás sintiendo?", -le pregunté suavemente al oído. "Rico, me gusta. Y me gusta mucho", -respondió con un jadeo entrecortado. "Y eso que apenas te ha metido la cabezota, zorrita mía", -seguí diciéndole-, "espera a que la tengas toda adentro".

Busqué su boca para un beso que nos dimos con fuerza. "Empieza a correr tu culo hacia atrás", -le dijo Germán- "para que tu misma te vayas metiendo la verga a tu gusto". Como ya la tenía cogida con la cabeza de su pene, él colocó sus manos en la cintura de ella para controlar el movimiento de ambos. Entonces, Clarita empezó a mover su cuerpo hacia atrás, apoyado en sus rodillas y manos, de manera que su cola también iba hacia atrás. Su cara, sus gestos, sus gemidos, sus manos que se encrispaban en las sabanas, lo decían todo sobre el placer que estaba sintiendo a medida que se movía hacia atrás y en su culo se ensartaba un centímetro de verga con cada movimiento cada vez. Mi amiga abría su boca desesperada y gritaba. Sus ojos los mantuvo cerrados, concentrada en recibir ese tolete. "Muy bien putita. Lo vas recibiendo muy bien", -le dijo Germán-, "sigue así que todavía nos falta la mitad…" Clarita no paraba de gritar: "Ohh. Mmmm. Me duele un poco pero me gusta. No vayas a parar. Más adentro, quiero sentir tus bolas contra mi culo" Yo mientras tanto le acaricié la cara, que estaba congestionada. "La que tiene el control eres tu", - le dije-, "así que eres tu quien decide hasta donde te la quieres meter". La besé en la boca y me acosté frente a ella con mis piernas bien abiertas, para que viera como me iba a masturbar. Corrí mi panty empapado hacia un lado, y empecé a darme dedo en mi clítoris con pasión. "Vamos zorrita, métete toda esa vergota mientras me ves", -exclamé gimiendo. Mis jadeos la obligaron a abrir sus ojos y al verme gritó más, más excitada. Hizo un movimiento fuerte hacia atrás y terminó de ensartarse más la verga de mi amado Germán. "Ya la tienes toda adentro putita", -dijo él- "ahora espera un momento mientras tu culo se acostumbra". Clarita miraba hacia atrás como intentando ver la clavada y me miraba a mi en plena masturbación. La ví más calmada, más acoplada. Sacó la lengua y se relamió los labios al mirarme. Por la expresión de su rostro y el estremecimiento de su cuerpo, deduje que Germán había empezado un suave movimiento de bombeo. "Siiiii. Me gustaaaa!!!!! Me encanta!!! Dáme más duro!!!", -empezó a decir ella.

Sus palabras, sus gemidos, su estremecimiento, su placer, aumentaron más mi excitación y mis dedos índice y mayor se cerraron con presión sobre mi clítoris hinchado y caliente. Clarita acercó su boca a mi chocha y empezó a buscar mi pepita con su lengua. Pero con cada arremetida de Germán, ella levantaba la cabeza por la fuerza de la clavada. Así que me seguí acariciando viendo sus expresiones y escuchando sus jadeos. Muy arrecha todavía, me controlé para no venirme y me arrodillé a su lado para ofrecerles mis dedos empapados a su boca hambrienta. "Te gusta que te claven por el culo, zorra mia?", -le pregunté mientras jugaba con mis dedos alrededor de su boca. Ella entre gemidos gritó: "Me fascina, ohh!!!! No te imaginas como me encanta". Y su boca pudo atrapar mis dedos que chupó y trago hasta el fondo. "Imagina que estos dedos sean una verga de verdad", -atiné a decirle al oído. Su chupada se hizo más intensa y sentí como su cuerpo aceleró su movimiento como intentando meterse más ese tolete que la enculaba. Abrió sus ojos y me miró muy excitada y sorprendida. "Siiiii, Dina. Eso quiero. Consíguela", - me dijo extasiada. Retiré mis dedos de su boca y le cogí la cara con mis manos para besarla con pasión. Su lengua entró en mi boca buscando llenarla y casi se entorchó con la mía. Vi a Germán chuparse los dedos de su mano derecha. Seguí besándome con Clarita. Quería sentir en sus besos, el orgasmo que estaba segura, estaba por llegarle. Por el movimiento que él hizo era claro que le estaba metiendo los dedos en la cuca. Me miró complacido. Mi amiga al sentir el movimiento de los dedos al interior suyo, unido a la verga de Germán que le bombeaba el culo, se separó de mi boca para gritar y su cuerpo empezó casi que a convulsionar. "Córrete mi puta, córrete, con esa vergota en tu culo", - le dije yo mientras le acariciaba y besaba su cuello, su oído. Germán aumentó el ritmo del bombeo anal y el movimiento de sus dedos en su vagina. Clarita totalmente sincronizada con esa doble penetración, exclamó: "Ahhh! Mmmm. Sigue así muñeco. Ohhh! Dame verga más duro, más adentro. Clávame fuerte que me estoy viniendo!!"- terminó gritando y jadeando muy agitada y con movimientos desmedidos que indicaban su orgasmo entre estertores y espasmos desaforados.

Al sentir su orgasmo, Germán sacó los dedos de la cuqui de ella y los chupó con deleite. Para poder controlar las convulsiones de Clarita, la mantuvo todo el tiempo cogida por la cintura con ambas manos. Yo me levanté y me coloqué al lado de él. "No te corras tu todavía", -le dije-, "tu leche es para mi culo". Me contestó con su magnífica sonrisa que así lo tenía previsto. Clarita siguió estremeciéndose estando todavía ensartada al mástil de él. Su espalda se veía perlada por el sudor. "Te la voy a sacar con cuidado, mi zorrita", -le dijo Germán-, "solo relaja los músculos". Sin soltarla de la cintura, mi amante se movió cuidadosamente hacia atrás y sacó su hermoso tolete del culo de mi amiga. Estaba brillante todavía por el lubricante, pero sobretodo, erguido, majestuoso, victorioso. "Mira nena el culo de Clarita", -me dijo- "así te queda a ti después de una clavada". Miré el culo de mi amiga y el orificio anal se veía espléndidamente abierto todavía. Yo estaba muy excitada y tenía una arrechera acumulada impresionante. La visión de ese culo abierto aumentó más mis ganas de sexo y me arrodillé a lamer ese ano rosadito, por el borde, ensalivándolo y metiendo mi lengua con cuidado. Germán, que todavía tenía a mi amiga cogida por la cintura, la soltó y Clarita cayó en la cama, boca abajo y desgonzada. Me acosté al lado de ella y la abracé y la besé en el cuello. Ella seguía estremeciéndose a mi lado con temblores que no eran otra cosa que replicas del orgasmo intenso que había tenido. Germán se hizo al otro lado de ella y también la abrazó y besó con delicadeza. Le recorrió con suavidad toda la espalda con la yema de los dedos. "Cómo estás?", -le pregunté yo suavemente- "lo has disfrutado?". Ella asintió con la cabeza. "Esto ha sido genial nena. Sencillamente espectacular y delicioso", me dijo susurrando. Se giró en la cama para quedar boca arriba. Bajó sus manos para arreglarse los diminutos calzones negros y ponerlos en su puesto. Germán no la dejó. "Me gusta vértelos metidos partiendo tu chocha en dos", -le explicó. Pude apreciar el rostro de ella rebosante de felicidad y satisfacción. Estaba en medio nuestro y su belleza había aumentado. Besó a Germán en la boca con un beso apasionado y felino. Después a mi me besó con igual deseo y me dijo: "Ahora sigues tu". Respondí su beso con pasión y le advertí: "Espero sentir tu lengua en mi culo". Ella sacó la lengua, la movió circularmente y exclamó: "La tendrás toda". Y nos volvimos a besar en la boca con deseo.

Me levanté ansiosa y me coloqué de espaldas a ellos dos. Estaba frente al espejo. Mis tanguitas estaban metidas en mi cuca. Estaba divina. Me incliné hacia delante, en un gesto oferente y provocador, lo suficiente para que Clarita y Germán pudieran apreciar mi culo y mi chocha al tiempo. Moví mis caderas en círculo, ofreciéndome, segura de lo que provocaba en mi auditorio. Puse mis dos manos en mis nalgas, corrí la tira de mi panty hacia un lado y separé las nalgas todo lo que más pude con las dos manos para que pudieran apreciar mejor mi culo. Casi enseguida pude ver por el espejo a Clarita arrodillarse ante mi. Me hizo retirar mis manos de mis nalgas y ella las tomó con las suyas. Me besó el trasero siguiendo la línea del panty, me mordió cada nalga con cuidado y empezó a lamerme la cuca, recogiendo toda mi humedad acumulada con su lengua. Su chupada me sobrecogió tanto que para no caerme, me tocó a apoyar mis manos en el espejo. Germán ya estaba a mi lado, arrodillado también, buscando mis pezones con su boca. "Mmm, si así, chúpenme", -exclamé gritando. En ese momento sentí, como Clarita me metió dos de sus dedos en mi cuca hirviente y comenzaba a darme lengua en mi culo sin parar. Sentí su boca completamente pegada a mi trasero y su lengua, ágil y experta, abriéndose paso sin dificultad en mi ano. Sus dedos entraban y salían con destreza de mi sexo y su lengua se movía en círculos dentro de mi culo. Vi mi imagen en el espejo y observar mi cara contraída por el placer y mi boca que se abría sin control dejando escapar gemidos cada vez más intensos, aumentaron mi arrechera sin par. Yo pedía más. "Si, si, no paren, soy de ustedes, cómanme", -alcancé a exclamar. Clarita movió sus dedos y lengua con más velocidad. Germán, me chupaba y lamía las tetas, ejerciendo una presión alternada con su lengua, labios y dientes.

De pronto, él se levantó y se acercó a Clarita para colaborar en la chupada de mi culo. Se alternaron sus lenguas en mi culo y yo solo atinaba a gemir y mover mis caderas para recibir mejor esas lenguas expertas. De pronto pararon al tiempo y yo seguí moviendo mi trasero como si me estuvieran clavando. "Abre el closet de Dina y del primer cajón donde esta su ropa interior saca a "Mancho", su vibrador", -le dijo Germán a Clarita. "Mmm, putica, no me habías dicho que tenías un juguete", -me dijo ella levantándose y dándome una palmada en las nalgas, que me gustó. "Es igual al tuyo muñeca", -repliqué muy agitada. Germán mientras tanto, acomodó en el borde de la cama unas almohadas y me ordenó acostarme boca arriba de manera que mis caderas quedaran sobre las almohadas. Así lo hice. Obviamente al acostarme así, mi cola quedó totalmente levantada y expuesta. Adiviné que me iba a penetrar el culo estando yo boca arriba. Me fascina! El se subió a la cama y de rodillas a la altura de mi boca, me tomó las piernas y me las elevó hasta que mis rodillas tocaron la cama y quedaron paralelas a mis hombros. Me sostuvo así cogiéndome los pies. Se colocó sobre mi cara para que tuviera libre acceso a sus bolas y se arrodilló sobre mi cara hasta que sus pelotas quedaron al alcance fácil de mi boca mientras sostenía el peso de mis dos piernas cogiéndome ambos pies con sus manos. No podía ver a Clarita, pero la sentí arrodillada en medio de mis dos piernas abiertas. Debía tener una vista única de mi sexo y culo. "Métele a Mancho", -le dijo Germán. Yo no podía hablar porque estaba concentrada chupando las pelotas de él. Sentí a Mancho abriéndose paso dentro de mi cuqui y dejé escapar un grito apenas audible. Clarita me tenía corrido los calzones hacia un lado y empezó a meterme y a sacarme mi juguete con pericia. Yo estaba muy agitada y moví mis caderas hacia arriba para recibir mejor la verga artificial. Clarita siguió clavándome el aparato sin cesar. De pronto se detuvo y me lo dejó todo metido. Mi cintura continuó meneándose desesperada y paré también de chupar las bolas de Germán. "Sigue chupando puta que te van a comer el culo", -me apuró él.

En ese momento Clarita empezó a lamerme y besarme mi chiquito. Hizo exactamente lo que yo lo hice a ella. Sentí su lengua rodeando mi agujerito con cuidado, sentí su saliva empapándomelo todo y pronto su lengua estaba adentro de mi ano y eso disparó mi excitación al tope. Como tenía mis manos libres, yo misma cogí a Mancho y empecé a meterlo y sacarlo de mi cuca, mientras Clarita me seguía haciendo un annilingus maravilloso. Germán se levantó y mi lengua quedó en el aire buscando sus pelotas ricas. "No, nene, dámelas", -le reclamé. "Tranquila", -me dijo él- "que te voy a clavar y las vas a sentir". "Si, si, si mi muñeco, quiero sentirlas golpeando contra mi trasero", -le grité casi como una orden. Pero sin soltarme de los pies, se acomodó de tal forma que empezamos a besarnos en la boca. "Que tal la puta que te conseguí muñeca", -me dijo- "te come bien el culito?". "Me fascina mi amor", -le respondí- "pero no olvides que es nuestra puta. Te amo". Y en verdad, Clarita me estaba dando una chupada de culo única. Me fascinó sentir el calor de su saliva espesa inundándome y escuchar el chasquido de su boca y de su lengua mientras se abrió paso dentro mío. De pronto, su lengua fue reemplazada por sus dedos, que empezaron a buscar camino en mi ano. Primero fue uno, que ella introdujo sin esfuerzo y que mi culo aceptó hasta la segunda falange en un solo envión. Lo apreté indicándole a ella que necesitaba acomodarme. Clarita entendió y movió el dedo en círculos para relajar mi culo. Fue rápido, pues mi ano está acostumbrado a este trabajo. "Mmm, ahora si mételo todo", - le ordené. No se hizo esperar y pronto tenía todo el dedo metido buscando con sus movimientos, agrandar más el agujero. "Como te entró de fácil, nena", - me dijo ella- "será que recibe otro dedo más?". Sin esperar mi respuesta, empezó a buscarle campo a su dedo mayor, que siguiendo el movimiento circular del índice, logró introducirse poco a poco. Mi mano mientras tanto continuó manejando a Mancho buscando clavármelo cada vez más, como si con cada clavada, pudiera llegar más adentro. Clarita empujó ambos dedos hasta el fondo y no solo brinqué, sino grité de puro placer. Tenía mis dos agujeros taponados deliciosamente. Mis caderas se movieron sincronizadamente con el empuje de mi doble penetración. "Ohhh, asi, muévelos asi, zorrita", -supliqué.

Germán ya no estaba a mi lado. No lo podía ver, pero sabía que se encontraba de pie junto a Clarita. Estaba adolorida de las piernas, pues él ya no me las estaba sosteniendo, pero Clarita con su mano libre me presionaba hacia adelanta, lo que me facilitó mantener la posición. Germán dejó caer lubricante en mi culo y los dedos de mi amiga se movieron con más rapidez. Sentí mi ano mucho más dilatado. "Sácale los dedos con cuidado", -le dijo él a nuestra amante. Clarita me retiró los dedos muy despacio. "Dina, sácate a Mancho y dáselo a nuestra puta para que lo limpie con su lengua", - dispuso Germán. Lo saqué poco a poco y Clarita lo tomó con ambas manos. Se subió a la cama y se recostó a mi lado, quedando su cara a la altura de la mía. Me besó en la boca con pasión desbordante. Se separó de mi y empezó a jugar con esa verga artificial, sin permitirme tocarla o participar. Se la pasó por la cara, por los labios, la lamió de arriba abajo y finalmente se la metió toda en la boca, empezando a mamarla como si fuera de verdad. Mientras tanto, Germán comenzó a jugar con la cabezota de su verga a la entrada de mi culo. Mis caderas se levantaron para recibir ese mástil inmenso y mi boca se abrió buscando una oportunidad para tragarse a Mancho, que estaba literalmente atragantando a Clarita. "Denme verga yaaa", -grité suplicando. Mis piernas ya no estaban con las rodillas a la altura de mis hombros, porque Germán las atrajo hacia él y las colocó descansando sobre mis tetas, sosteniéndolas con sus manos en mis corvas. Con la pericia que lo caracteriza, sostuvo mis tangas corridas hacia un lado y empezó a meter la cabezota de su inmenso pene primero. Fue una metida lenta y precisa. Esperó a que mi ano se acomodara, pero yo no lo necesité pues mi culo estaba muy dilatado y demasiado lubricado. El también lo sintió así y por eso continuó con su estocada. Su empuje fue firme y continuo. Me contorsioné, elevé mis caderas y grité sin parar a medida que ese trozo de carne que estaba hirviendo, entró hasta el fondo. "Ufff, asi nene, sigue hasta el fondo, la quiero sentir toda adentro. No paresss",- dije jadeando muy excitada por la sensación.

Germán, experto en estas lides, movió su verga toda adentro y sin sacarla, en lentos círculos que buscaban que mi ano se relajara totalmente. Yo estaba muy dilatada y lo único que quería era que me bombeara esa vergota sin parar. Estaba muy congestionada por la arrechera y me sentía hirviendo. Mi cara debía estar roja y los labios de mi boca muy hinchados, señales inequívocas de la excitación que me llenaba. Germán, conocedor de estas señales, demoró el movimiento de su tranca y teniéndomela todo adentro, empezó a presionar en movimientos de arriba abajo y de lado a lado. "Si muñeco, asi. No te imaginas como me gusta tenerla toda dentro de mi culo", -gemí con esfuerzo. Mis manos se agarraron de las sabanas cuando Germán empezó un pistoneo, un mete y saca fuerte, enérgico. Mi cuerpo convulsionó sin control. Mis tetas se movían de un lado a otro y mi cabeza giraba de un lado a otro. "Más duro nene, más!!", -pedí apasionada. Clarita aprovechó que mi boca permanecía abierta en gesto de placer, para compartirme por fin a Mancho. "Estaba en mi chocha, nena. Límpialo",-me dijo ella. Me lo pasó por la boca, lo lamí a todo lo largo y después dejó que mi mano lo cogiera para meterlo y sacarlo de mi boca a mi antojo. Germán me estaba literalmente levantando a verga lo que me hacía gritar de placer y dejar de mamar a Mancho, por lo que ahora era Clarita la que me lo metía en la boca.

De pronto, Germán detuvo la embestida. Yo quedé expectante y temblando. Me sacó su tranca con cuidado y se sentó en el borde de la cama. "Párate de espaldas a mi, nena, pero en el borde de la cama y con las piernas bien abiertas", -me ordenó. Adiviné que me iba a hacer sentar sobre su tranca. Esta posición la habíamos hecho ya varias veces y él sabía que me encantaba. Ahora tendría un ingrediente adicional, que pensé, debía ser Clarita. Con mucho esfuerzo me levante y me coloqué como él me dijo. Me ví reflejada en el espejo. Estaba muy linda, sonrojada, los pezones paraditos, los diminutos pantys blancos corridos a un lado. "Clarita, lávate la boca y vuelve para que le comas la cuca a esta puta, que esta que se viene", -dispuso él. Mi amiga se levantó rápido y entró al baño. Yo corrí mis calzones bien hacia un lado y me fui dejando caer. Sentí las manos de Germán en mi cintura para controlar el movimiento y aminorar mi esfuerzo. Vi su verga en el espejo, tiesa, apuntando hacia mi culo. "Eso, muy bien nena. Sigue asi, despacio. Hay que aprovechar la dilatación de tu culo.", - ordenó él dirigiendo todo. "Coge la verga y enfílala con cuidado hacia tu agujero" –prosiguió él. La cogí con mi mano izquierda y la llevé hacia mi agujero. Sentí sus manos en mi trasero y era él quien controlaba ahora mi acercamiento a su mástil. Sentí su cabezota rozando mi ano. Yo misma la estaba dirigiendo y logré meter la cabezota sin esfuerzo. "Ya tengo tu cabezota adentro", -exclamé emocionada. "Muy bien. Suéltala y déjame todo a mi", - me dijo. Tenía mis manos libres y empecé a manosearme la cuca y las tetas, sin perderme de vista en el espejo. Germán me dejó sentar sobre su verga con cuidado y pude ver en el espejo, como me la metió toda milímetro a milímetro. "Ohh, la tengo toda adentro nené", - suspiré. Imaginen la escena: Yo abierta totalmente de piernas, acuclillada sobre Germán, de tal forma que estaba ensartada por el culo. El comenzó el bombeo, primero despacio y después mas deprisa. Me esforcé por seguir viéndome en el espejo y por seguir los movimientos de la enculada. Mi mano derecha sobaba con rapidez mi clítoris y sostenía al mismo tiempo los calzones corridos hacia un lado. Mi mano izquierda se apoyó en el vientre de Germán para sostener sus embestidas.

Era extraordinario, porque sencillamente, me sentí atornillada a su trancota. Clarita salió del baño. "Mmmm, toda esa cuca es para mi?", - preguntó ella. "Sii, nena, soy tuya. Dame toda la lengua que puedas. Mira como tengo mi clitoris", -le respondí halando más mi tanga hacia un lado. Mi amiga se arrodilló ante mi chocha que quemaba por la calentura que tenía y empezó a comerme el sexo con frenesí. Sentí su lengua recorriendo mis labios sexuales y su saliva humedeciendo más mi pepita. Puse mis manos sobre la cabeza de ella y aumenté mis movimientos hacia arriba, hacia abajo y hacia el frente buscando alternativamente clavarme más la verga de Germán y sentir la boca de Clarita en mi concha. "No paren, sigan asi. Ohhh, más, más duro. Si, si más verga y más lengua. Cománme que me vengoooo!", -grité extenuada. Mi cabeza se fue hacia atrás y la boca la mantuve abierta en una clara expresión del placer que estaba sintiendo y dejando salir los gemidos más fuertes cada vez. Germán utiliza, lo que yo llamo el "disparador del orgasmo", que generalmente es una frase o palabra, que hace que mi orgasmo se acelere porque aumenta mi excitación en el momento preciso. "Eso puta mía, abre bien la boca. Imagina que recibas la verga de verdad que te vamos a conseguir con Clarita. Te gustaría?", -dijo Germán jadeante. Mis movimientos se hicieron incontrolables y los tres nos movimos enérgica y sincronizadamente como primera respuesta. "Si, la quiero, la quiero, una grande, si si. Ohh, no aguanto más!. Me vengo, me estoy corriendo!, -grité de una manera que creo se oyó en todo el edificio.

Mis manos presionaron fuertemente la cabeza de Clarita que movía su lengua dentro de mi y apretaba mi clítoris con sus labios. Sentí explotar y de mi sexo brotó literalmente un torrente de líquido denso y caliente, que la lengua de mi amiga recogió hábilmente. Germán aumentó sus embestidas y la tensión que percibí en su cuerpo me indicó que estaba listo para venirse. "Lléname el culito con tu leche mi muñeco. No pares", -le dije apretando esa tranca con mi ano, para sacarle hasta la última gota de semen. Sentí esas descargas divinas, cálidas y deliciosas llenándome el culo, inundándomelo por completo. "Dame a mi un poco de leche", -pidió Clarita. Germán todavía seguía soltando chorros de semen y ante la petición de nuestra amante, me la sacó con cuidado y los últimos lechazos cayeron sobre mis vellos pubianos. Clarita lamió casi con desenfreno ese rastro blanco que resaltaba perfectamente sobre mis vellos negros. Yo me dejé caer sobre Germán totalmente rendida y extenuada. Mi amiga terminó de limpiar mi cuca con su lengua y se hizo a nuestro lado. Me besó en la boca y yo le respondí satisfecha. Me acosté en la cama, y quedé en la mitad. Me abracé a Germán y Clarita se abrazó a mi por detrás. El me besó en la boca y ella me besó el cuello. Giré mi cabeza hacia atrás para besarla a ella. "Te ha gustado, nena?", - le pregunté. Me respondió con un beso apasionado. "Se puede repetir?", - preguntó Clarita risueña y me miró a mi y a Germán. "De hoy en adelante, la veces que quieras muñeca. Las veces que quieras", -le respondí y nos fundimos en un beso sensual y profundo.

    

 
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